Hay preparaciones que cambian por completo un postre. El lemon curd es una de ellas.
Es intenso, brillante, con ese equilibrio perfecto entre acidez y dulzor que despierta cualquier elaboración. No es una crema pesada ni empalagosa: es fresca, sedosa y absolutamente adictiva. Y lo mejor es que no necesitas maquinaria especial ni técnicas complicadas. Solo cinco ingredientes básicos y diez minutos de fuego suave y como siempre mucho cariño.






